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Crítica: "1898. Los últimos de Filipinas", por Paco España

Cuando el siglo XIX llegaba a su fin, el imperio español se aferraba a las últimas colonias de ultramar que daban fe del antiguo esplendor de un reino en el que nunca se ponía el sol. En la aldea de Baler, un lugar perdido al este filipino, un destacamento militar español resistía, durante 337 días, el asedio de un numeroso grupo de revolucionarios locales. Una iglesia servía de fortín, enfermería, almacén y campo de batalla. Este encabezamiento bien podría ser firmado por Antonio Román, director, que de este mismo episodio se realizara en 1945 y que nunca he visto. 


Indudablemente, los años de este primer título eran de una gran exaltación patriótica, en plena posguerra civil española, pero no debemos olvidar que los que estaban en casa eran los filipinos y los invasores eran los españoles, que obstinadamente permanecían en la plaza haciendo caso omiso de las noticias que les llegaban de España sobre la pérdida de la guerra en Cuba con los Estados Unidos, que había supuesto, además, la venta de todas las colonias españolas, incluidas las mismas que tan ferozmente defendían. 


Una verdadera molestia para el ejército filipino, que tenían que asediar a este grupo de españoles, antiguos invasores, cuando ya les estaban llegando tropas norteamericanas, nuevos invasores, con las que tenían que luchar. Esta película contempla el episodio desde un punto de vista menos patriótico y más actual, aunque coprododuzca 13TV, poniendo de relevancia la falta de interés que el gobierno español ponía en estos compatriotas que perdían su vida en el otro lado del mundo. Por ejemplo, la contaminación de los víveres que recibían, que causaban más bajas por beriberi que la propia lucha armada, un grupo de soldados jóvenes que llegaban sin saber disparar y con botas de otro pie.


Salvador Calvo dirige esta película con una estética visual televisiva, no en vano es el realizador de series como "Sin tetas no hay paraíso", "Los misterios de Laura", "La duquesa" o "Lo que escondían sus ojos". La filmación es digna, aunque hay cierto abuso de las tomas aéreas que intentan dar un tono grandilocuente. Dramáticamente, sin embargo, no la favorece, aunque para eso cuenta con un conjunto impresionante de actores: Luis Tosar, Eduard Fernández, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde, Carlos Hipólito y los estupendos jóvenes Álvaro Cervantes y Patrick Criado.


El único contrapunto femenino lo pone la actriz barcelonesa de origen filipino Alexandra Masangkay, que muestra su enorme sensualidad enfundada en su bandera, cual Agustina de Aragón y cantando incansablemente "Yo te diré", lo que a su personaje le cuesta caro y a nosotros nos impide continuar disfrutando de su presencia. Probablemente conocemos con detalle todas las circunstancias de "El Álamo", episodio de la historia norteamericana con mucha similitud y, sin embargo, desconocemos este episodio de la nuestra. Si bien "1998. Los últimos de Filipinas" no es una gran película, habla de nosotros y de antepasados que, en algún caso, tenemos muy cercanos.