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Crítica: "Tarde para la ira", por Paco España

Un debut sensacional. Desde 2006, cuando Raúl Arévalo irrumpía como actor de manera importante en las pantallas con "El camino de los ingleses" -dirigida por Antonio Banderas- y, sobre todo, con "AzulOscuroCasiNegro" -estupenda ópera prima de su amigo Daniel Sánchez-Arévalo-, le hemos visto en más de 40 producciones para cine y televisión como protagonista, actor de soporte o en cameos; en producciones con mucho presupuesto, con menos y hasta 'low cost'... y siempre dejando constancia que su pasión es el cine, en cualquiera de sus manifestaciones. 


Hace un par de años, tuve la ocasión de hablar con este realizador y me dejó bien claro que su horizonte en esta profesión era la dirección, que era lo que le gustaba y en lo que estaba dejando más energía. Su absoluta determinación y su total ausencia de vanidad y pedantería me indicaba que pronto dirigiría, y además con éxito. Pero nunca imaginé que lo haría con la solvencia y calidad que pone de manifiesto en "Tarde para la ira".


Historia de venganza que bebe de la tragedia más clásica, de Shakespeare, del Western de "Raíces profundas" y Alan Ladd, de los hermanos Dardenne, con la cámara en el cogote de los actores, y de "El séptimo día", de Carlos Saura, con una secuencia final en la que da la impresión que, en cualquier momento, vamos a ver aparecer a Victoria Abril gritando '¡la madre se quema!'.


Desde la primera secuencia -la chapucera escapada en coche de un atraco fallido-, en la que se nos muestra lo justo y se nos oculta algo importante en la resolución final, nos damos cuenta de que estamos ante una película seca que va a dar pocas concesiones al espectador. Poco a poco, la historia se va construyendo, enigmática, pero al mismo tiempo magnética con la inestimable ayuda de unos intérpretes absolutamente inspirados.


Antonio de la Torre lleva en su rostro la intensidad del dolor, Luis Callejo representa la ira más furibunda, nuestra actriz cántabra Ruth Díaz refleja en su rostro el sufrimiento de un ser apaleado y que busca desesperadamente un clavo ardiendo (ya ha recibido su primer premio en Venecia y le seguirán otros) y la breve (pero inolvidable) aparición de Manolo Solo en una de las secuencias mas violentas.


"Tarde para la ira" es una estupenda y trepidante película que muestra de lo que es capaz nuestro cine, que puede parir títulos de gran calidad que pueden estar a la altura de lo mejor que se puede hacer en cualquier cinematografía. Sin duda hablaremos en más ocasiones de este título hasta febrero de 2017, fecha de la entrega de los próximos Premios Goya.