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Crítica: "Café Society", por Javier Collantes

A lo largo de su filmografía, el genial director Woody Allen ha exhibido su predisposición a ofrecer su particular visión de la vida, circunstancia en la que reincide con su último trabajo en base a su condición de personaje carismático en la industria cinematográfica como director, actor y guionista que otorga a sus películas una reflexión sobre lo efímero del estado de las 'cosas' respecto al ser humano. Cine existencialista con mucho humor e inteligencia en su puesta en escena.


Ahora, el cineasta neoyorquino nos invita a un café intenso, lleno de aroma y con un sabor nostálgico (si es que la nostalgia es auténtica), sin aditivos y colorantes. Este café contiene varias historias, pero, sobre manera, su hilo conductor es el recuerdo de una época dorada de Hollywood, reforzada por una historia de amor, o, mejor dicho, de amores perdidos, con un tono de cine clásico que ya no volverá. 


Este relato, realizado con una gran maestría por Allen, se presenta como un enorme acierto: narrativamente, la cámara que se mueve entre la simetría del plano y el acercamiento a los rostros de sus personajes; fotográficamente, la genialidad del maestro Vittorio Storaro con colores tecnicolor dorados y una composición secuencial aparentemente uniforme pero diferente en matices.


Pese a que el director cuente una historia ya vista en su bagaje fílmico, este film resplandece gracias a un estilo brillante de estudio porque, en el caso de Allen, la reiteración no importa y su obra posee magia, un toque de fantasía acompañado, una vez más, por una banda sonora magnífica y por un reparto encabezado por la excelente Kristen Stewart -demuestra en cada plano y gesto ser una gran actriz- y su 'alter ego' Jesse Eisenberg.


Sin ser su mejor película reciente -no es "Midnight in Paris"-, "Café Society" cuenta historias profundas y divertidas, donde inicio, nudo y desenlace tienen chispa, realismo, fantasía y cierto pesimismo por el desgaste del paso del tiempo. Ni mejor ni peor, Woody Allen nos invita a un café, ni corto ni largo, simplemente cine y vida.