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Crítica: "Pesadillas", por Jesús Caro

Esta cinta, de corte muy juvenil, viene a sumarse a la oleada de títulos nostálgicos que tan de moda están y que rememoran los grandes éxitos de los ochenta y noventa. En dicho apartado, esta adaptación libre de la saga literaria de R. L. Stine peca de muchas y variopintas intenciones ocultas. En primer lugar, carece de espíritu nostálgico, al ser una copia descarada de los planteamientos y esquemas que predominaban en las películas de ambas décadas.


Así pues, se suceden, de manera continuada, el chico nuevo que llega a la ciudad, la vecina con un previsible secreto con la que se forjará una historia de amor demasiado evidente, el amigo friki/graciosete comparsa del joven protagonista... e, incluso, copia a series televisivas como "Eerie Indiana" y se sirve de los monstruos de la saga de novelas de "Pesadillas" para un despliegue de efectos especiales visualmente poderoso pero con una carente profundidad dramática y para nada trepidante, propios del adversario final de un videojuego.


Este fallido entretenimiento se puede dividir, perfectamente, en tres partes muy bien diferenciadas. Su comienzo resulta lento e insulso, al mismo tiempo que transmite la sensación de no saber definir bien las relaciones de los personajes y verse todo demasiado forzado. El desarrollo de la trama, por otro lado, no deja de ser un despliegue de efectos especiales donde los protagonistas no hacen más que correr y 'regalar' al espectador chistes trillados y carentes de comicidad.


Este nudo, por si no fuera suficiente, se basa descaradamente en el clásico "Jumanji", por tanto sin originalidad, o la reciente "Pixels", en la que los seres paranormales sustituyen a los sujetos de videojuego. Por no hablar del espíritu 'literario' de "Los cazafantasmas" y la captura con los libros, o las secuencias casi clónicas de "Los viajes de Gulliver".


Lo que vendría a ser el esperado final, resulta un giro tramposo de los acontecimientos y constata el mercantilismo sin límites que sufre el estudio que la produce y su falta de interés en contar historias realmente interesantes para todo tipo de públicos. Con la cantidad de títulos llamativos que pueblan la cartelera cinematográfica, cualquier otra propuesta puede resultar mejor.