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Crítica: "Mi gran noche", por Javier Collantes

Álex de la Iglesia vuelve por sus fueros narrativos y temáticos para ofrecer, con una enorme pasión en su puesta en escena, otro ejercicio cinematográfico dotado de su particular idiosincrasia. Así nos conduce a una grabación para televisión de un especial fin de año, unos meses antes, en una nave-plató a las afueras. Este nuevo film se estructura a modo de comedia coral descontrolada y brutal, conservando los momentos explosivos de su filmografía en un maremágnum de personajes reunidos.


Entre cientos de figurantes, en especial, una persona contratada por una ETT, un cantante de música ligera e icono de una España de otros tiempos, un nuevo cantante  bombero en plan 'alter ego', presentadores, productores, técnicos y un sinfín de personas en campo de batalla champanero por la fama, la ambición, la envidia, el éxito, el despido... mientras en el exterior de la nave nido se encuentran las reivindicaciones, el desempleo en un ente público muy conocido.



El escandaloso relato contiene continuos homenajes propios, como "El día de la bestia" o "Acción Mutante", y ajenos, sobre todo a "El guateque" en su parte final, conservando entre vamos a uno y corten un modelo de cine norteamericano de género. En otra banda de edición, sonidos retazos a "Vértigo". Entre este postín y artificio, un feroz zarpazo a muchas cuestiones actuales. En la desigualdad de cada secuencia, un tratado argumental de notables convicciones y con mucho trasfondo. 


Raphael, Blanca Suárez, Pepón Nieto ó Terele Pávez destacan entre tantos intérpretes de ida y vuelta, unos con mayor o menor acierto interpretativo. Una clase de cine con recovecos demasiado comerciales con instantes olvidables, pero varios memorables, en una reunión para tomar las uvas: una gran noche, no sé qué pasará, qué misterio habrá, puede ser sí, no, pero el espectáculo deber continuar...