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Crítica: "Los Minions", por Pelayo López

¿Un argumento básico?. Sí. ¿Unos personajes simples?. Sí. ¿Y qué?. En este caso, la sencillez cinematográfica se convierte en genialidad maestra. Aunque la esperada explicación sobre el origen de estos seres se limita a una simple alusión colateral en torno a su condición celular cuasi-protozoica, a partir de ese momento germinal todo el metraje cinematográfico se desarrolla narrativa y visualmente en un doble nivel: por un lado, los evidentes sketches para los niños; por otro, las referencias generacionales más o menos subliminales/explícitas para los adultos.


Son ¿malvados?, pero adorables (a su manera). Son ¿patosos?, pero cariñosos (a su manera). Son ¿diferentes?, pero entrañables (a su manera). Desde los dinosaurios hasta mediados del S. XX, la evolución y los Minions parecen (no) llevarse bien. Ellos sólo pretenden encontrar a su Amo con mayúsculas. No es que no los hayan encontrado... pero conservarlos ya ha sido otra historia: Prehistoria, Edad de Piedra, Edad Media... y así hasta la 'edad' de los 'Beatles' (ojo a los innumerables guiños al cuarteto de Liverpool, entre ellos su iconoclasta sesión fotográfica en y para Abbey Road o el arranque fílmico en plan "Yellow Submarine"). 


Durante siglos, ellos siempre se las han apañado, intencionada o casualmente hablando, para encontrar a un líder al que seguir. Sin embargo, refugiados en una gruta de hielo, el paso del tiempo, pese a que ¿inexplicamente? a ellos no les afecta y no envejecen lo más mínimo, les ha pasado factura y su carácter animoso, ese que les conducía inevitablemente a deambular incondicionalmente detrás de su Amo y después correr despavoridamente delante de ellos, se ha apagado en otro mustio.


Uno de ellos y sus dos escuderos, uno voluntarioso incomprendido y otro con afán de notoriedad, saldrán a la búsqueda de su malvado favorito. Spoiler: al final, un Gru adolescente hará de las suyas y dará paso a la saga que dio a conocer internacionalmente a estas criaturillas. Desde una 'road movie' Australia-India-Reino Unido a una película de 'superhéroes' tipo 007 o Inspector Gadget, pasando por una de 'aventuras y espadas' tipo leyenda artúrica. En definitiva, Kevin, Bob y Stuart enfrentándose a ellos mismos y a lo desconocido  en plan Amundsen, Scott & Cía. 


El otro lado del ser humano, el lado malvado, está encarnado por la malvada del momento, la diva de la convención de turno: Scarlet Overkill, una mujer de guantes a medio brazo, tacones afilados y un indudable deseo por ser idolatrada, por hacerse con su cetro de reina, acompañada por su domesticado partenaire inventor: ojo a su sala de torturas que compite indirectamente con el 'Amo' Grey y sus 50 métodos de tortura con las susodichas sombras. 


Todo lo que diga podra ser utilizado en mi contra, así que atención a la 'Ley Mordaza' que podría rascar infracciones incluso en esta película. Esa llamada melódica 'to the other side', ese sonido 'Hamelin' al lado oscuro, esa confrontación entre la colérica mirada de Scarlet Overkill y los ojitos tiernos, monoculares o bicolores, de nuestros Minions 'sabor Marshmallows. Más allá de cierto aire retro-hippie, atención a una banda sonora ¿en una película de animación supuestamente infantil? con The Doors, The Who, The Kinks... 


Aunque no queda tampoco claro el origen de su apetito voraz por degustar sus ansiadas bananas -los gajos de manzana no son lo mismo-, sí descubriremos el de su habitual vestimenta -a pesar de sus cualidades innegables para el camuflaje (in)voluntario-: su ya tradicional peto tejano. Otro de sus atributos más personales, la verborrea ininteligible, ha dado paso a una especie de 'spanglish' igualmente sonoro pero más propicio y adecuado para soportar una absoluta y continuada presencia en pantalla. Esta mutación ha sido fruto de la necesidad de aclimatamiento a un entorno protagonista y no secundario como hasta la fecha.


La diversión está asegurada y no todos los 'actores de reparto' aguantan el tipo con un prolongado primer plano. Pese a su excesivo acento 'brit' -hasta la guardia real británica resulta maqueada para la ocasión-, ellos lo hacen. No se sabe cómo, pero lo hacen. Son Minions. Está en su genética. Se enfadan los unos con los otros, pero el enfado les dura un segundo. Se ríen los unos con los otros, y su risa es contagiosa. Y si hay que arrimar sus cilíndricos cuerpecitos, lo hacen sin dudar. Sacan a relucir nuestro espíritu burlón, pero también nuestro carácter mas cooperativo y solidario. 


Llámalos como quieras: píldoras calvas, huevos fritos... Yo particularmente prefiero pensar que son las cápsulas de la felicidad donde los regalos 'kinder' vienen envueltos, pero ten cuenta un recordatorio y una recomendación: píntate de amarillo, ponte el peto vaquero y saca el Kevin que todos llevamos dentro. Todos somos únicos e inimitables. Todos tenemos derecho a 'puar' nuestros 5 minutos de 'solo' con nuestra 'Stu' guitarra. Todos somos nuestro 'Rey Bob'.