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Crítica: "Insidious: Capítulo 3", por Jesús Caro

¡Los números mandan!. Cuando los dos primeros capítulos de esta saga han recaudado 258 millones de dólares en todo el mundo, con un coste conjunto de casi 7, es inevitable que los productores de las mismas quieran seguir exprimiendo dicha fórmula de éxito. El problema reside en la trama: ¿queda algo más por contar?. El guionista Leigh Wannell da un giro de timón al rumbo de la franquicia y convierte esta tercera entrega (hasta el momento) en una precuela que encaja a la perfección con las dos anteriores (posee guiños a los anteriores films pero tiene entidad propia como película autónoma) y, al mismo tiempo, ofrece algún que otro aspecto novedoso a lo ya conocido por el público.


No deja de ser un festival de fantasmas, posesiones y sustos... pero con matices renovadores. Por ejemplo, el escenario donde se desarrolla la historia: un edificio de apartamentos con pasillos larguísimos y su decoración, que evoca al Kubrick más perturbador, resulta por momentos claustrofóbico y entabla una mayor proximidad y cotidianidad con el espectador. En esta ocasión, la protagonista, Quinn Brenner, una joven obsesionada por contactar con su fallecida madre, es el desencadenante de los sucesos que acontecen en la cinta. 


La joven acude a la médium Elise Rainier y, en este punto, se desarrollan dos historias paralelas que terminan por unirse en el acto final. La de la joven, que sufrirá de lo lindo por culpa del espectro que la atormenta, y la de Rainier, quien, aún siendo un personaje secundario, posee un peso muy importante y debe enfrentarse a sus propios miedos y al acecho de una amenaza del 'otro lado'. Los personajes que completan la película corren una suerte desigual.


Mientras que el padre de Quinn, encarnado por un correcto Dermot Mulroney, le da consistencia a la parte dramática del film, dos personajes secundarios, como el compañero de instituto y la mejor amiga de la protagonista, están del todo desaprovechados y sirven a Wannell como mero instrumento para introducir, en determinados instantes, intriga y cierto miedo. El dúo de cazafantasmas aporta la dosis de humor inherentes a la franquicia y alivia, en cierta manera, el tono dramático de buena parte de la función. Con respecto a su guionista/director, reconocerle un sólido debut tras la cámara: una apuesta entretenida con sabor a terror clásico, lastrada por falta de originalidad pero que domina el tempo y no tiene metraje de relleno. Una buena dosis de terror y sobresaltos que el espectador de este género busca.