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Crítica: "Ahora o nunca", por Pelayo López

Las bodas y los casamientos son, desde hace algún tiempo, ambientes y entornos propicios para todo tipo de propuestas cinematográficas. En unos casos, los menos, humor negro; en otros, la mayoría (como el que nos ocupa), comedia romántica ligera... Y sí (spoiler): la pareja de contrayentes comen perdices. Pero vayamos por partes. Todo arranca 10 años antes del enlace de turno, en un campamento de verano para aprender inglés en la campiña británica. Diez años después, o sea en tiempo presente, ambos dos van a pasar por el altar en ese mismo escenario. 


Sin embargo, como no podía ser de otro modo, una sucesión caótica de sucesos imprevisibles van a poner en peligro toda la planificación nupcial: desde una huelga de controladores a una nube de ceniza volcánica pasando por una más que posible despedida de soltera con cuernos de por medio. Si ya de por si suele resultar estresante la organización de un evento así y las relaciones con la otra parte, la de la familia advenediza, la suma de acontecimientos desatará la locura total. En este dislate, lamentablemente, María Ripoll parece haber deshojado la margarita en su anterior película ("Rastros de sándalo").


Su cambio drástico en lo que a género se refiere tiene evidentes consecuencias y lastra por completo el resultado final. En esta 'road movie', del humor y la comedia no quedan más que gags visuales de personajes en tránsito (sube y baja por escaleras mecánicas, carreras urbanas detrás de un taxi y entre canales, o el jolgorio lógico en el autobús de una comitiva nupcial) y el presunto tirón de su rostro masculino protagonista.


Dani Rovira sólo mantiene el listón cuando se limita a monologar, realiza juegos de distracción ocular gracias al consumo de pastelitos de chocolate o sufre las consecuencias del uso de un taser en carne propia después de intentar marcarse un Melendi. Su novia en la ficción, María Valverde, hace también lo posible para mantener la compostura gracias a su dulzura natural, fruto de una hechizante fotogenia, y a sus destacables registros vocales, herramienta interpretativa no siempre reconocida pero marca evidente de que se trata de una de las mejores actrices de su generación. 


A su lado, progenitores y suegr@s. Jordi Sánchez, Gracia Olayo y Joaquín Núñez, pese a su presencia en pantalla, resultan meras comparsas para acompañamiento de la pareja en cuestión. De la pandilla de l@s amig@s, aunque Clara Lago es el nombre más conocido, le comen la tostada y roban planos por ambos lados tanto Alicia Rubio como Anna Gras, la una en el papel de hermana escéptica por experiencia propia y la otra como el brazo armado del grupo.


Ni siquiera la banda sonora, que en un proyecto de este tipo debería contar con una mayor presencia, tiene un protagonismo relevante, más bien todo lo contrario pasando absolutamente desapercibida. "Ahora o nunca" parece no acabar de dar nunca el paso, de no tomar altura en ningún momento ni emprender el vuelo con el destino esperado. De hecho, y en virtud del piloto automático general, el film únicamente consigue sobrevolar por encima del horizonte en dos secuencias de montaje paralelo.


"Perdiendo el norte", "Ocho apellidos vascos" y "Tres bodas de más" podrían haber sido, con sus luces y sus sombras, ejemplos a seguir, entre otros argumentos, en explotación del humor gentilicio. Por el contrario, ante tanta planificación, nos queda el consuelo de que el orden metódico no está exento de las capacidades de improvisación y maniobra necesarias para hacer saltar la sorpresa en cualquier momento. Y ya sabes: 'Keep Calm & Carry On'.