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Crítica: "Dientes de otro", por Javier collantes

El último cortometraje del director Manuel Ortega Lasaga sigue sus propios pasos, con una coherencia narrativa y de guión, dentro de unas temáticas para algunos incorrectas y para otros bocanadas de aire fresco. Historias que atrapan, en modo y forma, con un sentido estiloso de la provocación que no deja indiferente. Así, como un cuento del ratoncito Pérez, su argumento nada funcional, arriesgado y sin concesiones, destila bizarrismo y gore. 


Por instantes, efluvios fluorescentes del "Blue Velvet", del genial David Lynch, combinados con violencia, fuerza, e intensidad. Unos personajes salidos del universo de Buñuel, donde lugares y diálogos nos llevan al submundo de vagabundos, sin techo y sin ley: cuchilladas, dientes, sexo y demás elementos controvertidos, polémicos y abiertos al pensamiento del propio espectador.


Este trabajo fílmico contiene no sólo referencias a otros directores cinematográficos, con la sapiencia de quién ha visto y ve más allá del cortometraje al uso, sino también placas de sarro y calcios picados por las caries que rompen los moldes establecidos con una sabiduría de arte en sus respectivas tonalidades. Un relato de habitantes entre túneles, ambiciones, venganzas... con el reverso demoníaco en su fuero interno. 


Un cortometraje de odontología emocional, duro, sin fisuras, liberador... con un reparto digno del mejor cine español de otras épocas. Montaje direccional y música de acompañamiento empastados a conciencia con objeto de suturar una fotografía impregnada de olores, maldad y humanidad que otorgan una maravillosa lección del paisaje humano nada mentolado. 


Un cortometraje demoledor, espeluznante y genial en su sello dental de presentar cavernas de supervivencia en la incorrección mas absoluta. Un buen cortometraje, lleno de gritos, apariciones y ortodoncias varias de un valor incalculable de los dientes de otro. ¡Menudo ratoncito Pérez!. Excelente, digno, polémico y para no olvidar. Las huellas de la mordida.