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Crítica: "Ouija", por Jesús Caro

El tablero de la 'Güija' -mal llamado 'juego'- con el cual supuestamente se puede entablar contacto con espíritus de difuntos, le sirve de pretexto al guionista Stiles White, debutante aquí en la dirección, para apuntarse a la moda de películas de terror, o eso pretende, con presupuestos de lo más ajustados -en este caso 5 millones de dólares-. En la línea de "Sinister" o "Insidious", y bajo la producción de Michael Bay, el resultado no es del todo satisfactorio, para quien espera una cinta propiamente de género, con sus virtudes y defectos a partes iguales.


El aspecto visual del largometraje es bastante luminoso, alejándose de cualquier parecido a los otros títulos ya mencionados y de reciente estreno, con gran énfasis en momentos muy concretos a los que se imprimen suspense e intención de hacer saltar de la butaca al espectador que, en más de una ocasión, son efectivos, aunque insuficientes durante toda la película. Este lastre hace que la ajustada duración (88 min.) se hace larga en el primer tramo de la misma.


El comienzo, con el fallecimiento de la mejor amiga de la protagonista, promete algo más de muertes y dosis de miedo de lo que en realidad uno se puede encontrar, un largo primer acto en el que el drama de la pérdida personal y la presentación de los pocos personajes que conforman la función se hace eterno, hasta que deciden echarse 'la partidita' en cuestión.


La explicación que presenta el film sobre los acontecimientos que desembocan a raíz del primer contacto con la 'ouija' y la 'investigación' de la protagonista son correctos y convincentes, así como la apuesta por dar un giro a la historia en su tramo final, que tampoco es tan sorprendente como se pretendía. Lo poco convincentes que resultan los protagonistas en el tramo final resta puntos al conjunto, encontrando los paladares más exigentes un intento fallido e insuficiente de disfrutar de una 'película de miedo' y el resto un producto que se ve tan rápido como se olvida.