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Crítica: "El Hobbit. La batalla de los cinco ejércitos", por Pelayo López

Después de más de una década, Peter Jackson le da carpetazo definitivo a su mirada cinematográfica sobre el universo de J. R. R. Tolkien, una doble trilogía cuya última parte, tercera en orden cronológico, tiene un arranque abrupto, propio de una nueva entrega desdoblada por una mera cuestión recaudatoria -así se llenan los sótanos de la Montaña Solitaria-, y un fundido de salida totalmente forzado, encaje de anillos mágicos para una estructura de rodaje todo por acá nada por allá.


Una vez que la Compañía de los Enanos ha recuperado su madriguera, Smaug ha sido abatido por el certero arco de Bardo el Barquero -tras desolar la Ciudad del Lago con su aliento abrasador-, y los elfos reclaman su joyería lunar de las Esmeraldas de Girion, todos ellos deben decidir entre saldar sus viejas y nuevas deudas, algunas suscritas bajo acuerdos de juramento y honor, o hacer frente a la nueva amenaza de Sauron, un ejército forjado en Dol Guldur (el Monte Gundabad, las Montañas Nubladas o cualquier otra zona negra) formado por huestes de orcos y trasgos, a lomos de sus huargos de campaña. La 'naturaleza' es la que viene a poner orden.


Según parece, con notables variaciones respecto a su fuente literaria -por cuestiones de sincronización argumental y eficacia narrativa-, el realizador neozelandés y Guillermo del Toro recortan duración, alargan el protagonismo de protagonistas como Bardo y Tauriel, y, por encima de todo, ofrecen un espectáculo fatuo de acción épica y sentimentalismo lacrimógeno de algo más de dos horas: reconciliaciones familiares, amores imposibles, crónicas de muertes anunciadas... y, por relativizar el ambiente pero de manera innecesaria, el bufón de la corte.


Bilbo Bolson salió de su aldea y regresa a la misma tras una aventura inesperada, un camino de baldosas de colorines por la Tierra Media que re-anda de la mano del mago gris de sombrero de pico, un tal Gandalf que saca su magia a paseo, inexplicablemente, de tanto en cuanto. La corrupción del poder, el precio de la amistad, el sacrificio del amor verdadero...


Tras tanta secuela, pre-cuela y trilogías, y tanta saga fantástica, Erebor es fuente y tumba de seres anónimos y seres con nombres y apellidos, incluso de reyes como Thorin Escudo de Roble... Ante la llamada de la muerte, no hay Piedras del Arca que valgan. Vida, cenizas y destierros. ¿Y Legolas?. Caso archivado aparte: mérito y de/reconstrucción. #LBDL5E ¿Cantidades de oro o unas simples semillas?.