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"Las lechuzas no son lo que parecen" ("Twin Peaks"), por Beatriz García

Hace ya años que la ficción televisiva se ha convertido en un imprescindible para todo cinéfilo. La calidad de algunas series es tal que supera con creces el nivel medio del cine actual. Es por eso que he querido incorporar, con esta sección, un espacio dedicado íntegramente al cine. Me gustaría inaugurar "Fuera de Serie" hablando de una serie de culto, para algunos quizá la mejor serie en la historia de la televisión: "Twin Peaks". Y es que, aún hoy en día, encontramos referencias a esta ficción donde sea que busquemos: canciones, libros, series de televisión, películas... Más de veinte años después, no hemos sido capaces de olvidarla.


Creada por David Lynch y Mark Frost, "Twin Peaks" supuso un hito en la historia de la televisión, dotando de un tratamiento cinematográfico a una técnica televisiva que tal vez estuviera quedándose obsoleta. No en vano, algunos críticos aseguran que el episodio piloto de "Twin Peaks" es la mejor película de la filmografía de Lynch. Dio pie al fenómeno de la 'twinpeaksmanía' (quizá solo comparable al poder de convocatoria que alcanzaron los 'losties' de "Perdidos"), se escribieron libros, se rodó una película precuela narrando la última semana de vida de Laura Palmer... En definitiva, fue la primera serie en suponer un verdadero fenómeno de masas.


¿Cuál es el porqué de este éxito sin precedentes?. ¿Por qué aquellos que aún no hayan visto esta mítica serie de los 90 deberían planteárselo?. Porque es una serie que lo tiene todo. Una trama intrigante (un asesinato), personajes carismáticos (el genial agente Cooper, el agente Gordon Cole interpretado por el propio Lynch, la extraña mujer del leño, la sensual Autrey, el excéntrico doctor, y otros tantos), una estética lynchiana muy sugerente, una atmósfera misteriosa creada en parte gracias a la maravillosa BSO de Angelo Badalamenti (a este respecto, si tenéis posibilidad os recomiendo echar un vistazo en Youtube a un vídeo en el que Badalamenti explica cómo surge esa melodía inolvidable)... "Twin Peaks" hace un cóctel tremendo de géneros (drama, intriga, comedia, horror sobrenatural, romance) y da un resultado sorprendente. Por si esto no fuera suficiente aliciente para caer rendidos ante "Twin Peaks", la promoción da en el clavo haciendo la gran pregunta: '¿Quién mató a Laura Palmer?'. Un eslogan efectivo que nos mantuvo a todos en vilo.



Si con todo no os he convencido, otra buena razón para ver "Twin Peaks" es el capítulo piloto mencionado anteriormente. Un capítulo perturbador. Ese inicio en el que se descubre el cuerpo de Laura Palmer envuelto en plástico. Ese pueblo en el que la calma se ve interrumpida, llega un héroe a hacerse cargo de la situación y se descubre que nada es lo que parece, que todos tenemos nuestras luces y nuestras sombras, que bajo la calma aparente, algo se esconde. Pero no es un héroe cualquiera, ¡no!, es el Agente Dale Cooper, que desde el primer momento se perfila como un personaje de un carisma y un magnetismo absorbentes.


Y qué decir del grito desgarrador de Sarah Palmer, la madre de Laura, al enterarse de la muerte de su hija. Y ese final inquietante en el que aparece por vez primera, y de manera casi circunstancial, Bob... [Aún no sospechábamos lo que nos esperaba con ese tal Bob... Ni siquiera Lynch era consciente de lo que Bob iba a significar en el desarrollo de su obra. Bob fue un 'error'; era un técnico que, en la primera toma de esa última escena del episodio piloto, apareció reflejado sin querer en un espejo. El resultado fue tan escalofriante que Lynch insistió en incorporarle al elenco].


Tras este primer episodio, es cierto que hubo un intenso declive argumental hasta llegar al descubrimiento de la identidad del asesino de Laura Palmer, momento que coincide con la aparición en escena, una vez más, de Lynch (Lynch salva esta serie dirigiendo tan solo seis de sus capítulos). Y ¡qué momento!. ¡¡Qué emoción!!. No voy a desvelar su identidad para que aquellos que se animen a ver la serie por vez primera no conjuren contra mí. Sólo destacaré la magistral actuación del personaje asesino (quienes la hayáis visto sabéis a qué me refiero).


A pesar de que en la primera temporada aparecen ya muchos de los elementos simbólicos característicos de "Twin Peaks", lo hacen de una manera circunstancial y siempre en el ámbito de lo onírico. Tenemos a un personaje, Dale Cooper, muy intuitivo, que se deja llevar por esta simbología. Sin embargo, en la segunda temporada, la serie da un giro radical, dando mucho más peso al personaje de Bob, y comienza a dirigirse hacia una resolución sobrenatural. Esa reorientación hacia un esoterismo quizá mal encauzado por algunos de los directores invitados, no gustó a los seguidores de la serie. Pero no podemos obviar que esa simbología no es más que la representación de la dualidad entre el bien y el mal, una constante en el desarrollo de "Twin Peaks": la logia negra vs la blanca, el gigante vs el enano, Windom Earle vs Cooper, la inocencia de Donna vs la perversidad de Laura y su doble vida... Es la clásica disyuntiva: la lucha entre el bien y el mal. Para saber quién triunfa, habrá que ver la serie.



Por último, quiero mencionar el episodio final, en el que Lynch demuestra una vez más un manejo extraordinario del psicosuspense, convirtiéndolo en uno de los mejores capítulos de la historia, con un final que cierra algunas líneas argumentales y abre otras tantas, y que deja al espectador absolutamente acongojado. Y, siempre, con ganas de más. Y hasta aquí el primer "Fuera de Serie". Os dejo con un consejo que nos dio Dale Cooper: 'todos los días, sin pensarlo, hágase un regalo'.