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Crítica: "A todo gas 5", de Justin Lin, por Pelayo López

Dominic "Dom" Toretto y Brian O´Conner, otrora en un principio de la saga enemigos irreconciliables, han vuelto de nuevo a las salas de cine pisando a fondo el acelerador y demostrando que aquellas primigenias rencillas no son más que un mal recuerdo en una relación actual marcada plenamente por la amistad y la familia. ¡Es lo que tiene estar emparejado con la hermana del duro... y, además, esperar un hijo!. De hecho, la familia es uno de los supuestos soportes sobre los que pretende afianzarse una trama que, la verdad, tampoco importa demasiado -las escenas nostálgicas como el sinceramiento entre los dos protagonistas o el 'funeral' por el pariente caído encharcan el metraje de una sensiblería barata que no encaja para nada-. Y eso que la presumible acción desmedida, carreras 'a todo gas'... no abundan en sus casi dos horas y media de metraje... hasta el punto de recurrir a una elipsis desconcertante cuando la pareja de delincuentes se presenta ante los cabecillas locales de las carreras ilegales. ¡Los 'señoritos' se han vuelto una especie de 'Ocean´s'!.

Este viene a ser el principal lastre de la película. En los momentos en los que los 'frames' aceleran al máximo, la cinta resulta desbordantemente satisfactoria y placentera. Por este motivo, del film sólo recordaremos dentro de un tiempo dos escenas, lógicamente en ambos casos con robos imposibles de por medio: una al principio, la que desencadena los acontecimientos a bordo de un tren, que, sinceramente, acaba resolviéndose con un 'chroma' bastante chirriante; y, no podía ser de otro modo, la segunda al final, con la 'traca' de un asalto a una comisaría y una persecución trepidante a ojos de cualquiera, incluso a los de un niño espectador involuntario en un autobus, que alcanza, pese a la espectacularidad notoria, un nivel de planificación y realismo sencillamente deslumbrante. ¿Qué p*** potencia tienen los coches utilizados en la película?. ¿De qué c*** material están hechos los cables con los que tiran de la caja de seguridad?. Un traficante de drogas con apariencia de empresario benefactor es el objetivo del robo en esta ocasión, circunstancia que pone de relieve, y nunca mejor dicho a propósito de la orografía de las laderas de Rio de Janeiro, los tentáculos entre la pobreza de las favelas y la corrupción política, policial...

Vin Diesel y Paul Walker encuentran un rival a sus hechuras: Dwayne Johnson. Los enfrentamientos cara a cara entre Diesel y el nuevo fichaje hacen subir la tensión cinematográfica en pantalla. ¡Ha nacido una pareja de cine!. Una de esas parejas de agente policial incorrupto y malo no tan malo convertidos en el ratón y el gato con admiración mutua. Los mercenarios de Stallone & Cía han muerto. Walker ejerce bien como maestro de ceremonias y como vínculo entre el resto de protagonistas. Entre tanta adrenalina, el humor se convierte en el copiloto ideal. Otras dos parejas de ladrones, la de los dos negros y la de los dos reggaetoneros -entre ellos Don Omar y la 'Danza Kuduro' como himno climácico del 'trabajo' realizado-, aportan la vis cómica justa y necesaria. Defrauda, sin embargo, el esperado tono seductor/sensual en el apartado femenino. Ninguna de las chicas, ni Jordana "la hermana" Brewster ni la ladrona de guante blanco y corazones amarillos, consigue arrebatar con sus armas de mujer al público. Especial atención a la constante presencia en pantalla de nuestra Elsa Pataky. A pesar de su uniforme, la española aprovecha la oportunidad que se le brinda y, seguramente, otras llegarán desde ahora. Tras los créditos finales, los responsables de la saga, el propio Vin Diesel y su director, Justin Lin, se han reservado el derecho a anunciarnos la próxima película recuperando del 'limbo' a uno de los personajes iniciales recordado constantemente en la película por el crucifijo que acompaña siempre a Toretto... y a la Pataky... 'A todo gas 5' arranca con el final de la cuarta entrega y concluye recordándonos que el rompecabezas aún está inconcluso, por lo que, de nuevo y en breve, tendremos que quitar el freno de mano a nuestro Bugatti Veyron 2011 versión 'pitufo'.