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Crítica: "Tenías que ser tú", de Anand Tucker, por Pelayo López

Más allá de una simple casualidad, lo cierto es que una celebración nupcial, o mejor dicho el trayecto que conduce de manera inminente al altar, se ha convertido con cierta continuidad en referencias temáticas de cabecera para los guionistas de Hollywood. Si al encanto que de por si puede tener ya una boda, le sumamos unos recorridos turísticos azarosos que convierten el nerviosismo propio de tales preparativos en una locura caótica -motivada por la influencia de una creencia popular en torno a las bodas, los años bisiestos y los 29 de Febrero-, nos encontramos con los dos planteamientos de base de esta "road movie" romántica. ¡Ojo!. Puede ser tan mala como algunos dicen, o quizás no tanto, pero, curiosamente, consigue hacernos pasar un grato agradable y se distancia, afortunadamente, de las comedias escatológicas y soeces de turno que resultan totalmente descartables.

Por mucho que comparaciones odiosas de corte clásico hayan salido a la luz para intentar vender, o hundir en el descrédito según se mire, esta cinta de Anand Tucker, responsable de la maravillosa "Hillary & Jackie" -tandem fabuloso en aquella ocasión el formado por Emma Watson y Rachel Griffiths-, los únicos parecidos razonables que podemos encontrar entre ambas propuestas son los referentes a las raíces argumentales y algunas situaciones divertidas fruto del "encontronazo" de sus protagonistas. Aunque no comparta la devoción por épocas de gloria pasadas como otros, reconozco que el aroma de Frank Capra trascendía la pantalla, cosa que no consigue esta cinta a no ser por la profundidad contemplativa de los calmos parajes de la eterna Irlanda. Respecto a la plasmación del realizador poco se puede achacar, ya que todo el engranaje resulta ajustado a la corrección. De hecho, la química entre la pareja protagonista y los numerosos convencionalismos presentes en el guión nada tienen que ver con la puesta en escena. Sin dejar de lado el conservadurismo en forma y fondo, que no abandona el metraje en ningún momento -valga recordar el ya denominado como "Síndrome de Gollum" que padece la protagonista por acoplarse un anillo matrimonial a su boda-, desde el punto de vista técnico la película aprueba.

Quienes no consiguen nota suficiente, ¡una lástima teniendo en cuenta sus emergentes trayectorias!, son sus protagonistas. Y no precisamente por sus trabajos individuales, ya que cada uno defiende con buenas formas su papel en la comedia, sino más bien por la química que en una película como la mencionada se supone debe tener la pareja en cuestión: Amy Adams es la chica que épicamente quiere llegar a Dublin para proponerle matrimonio a su indeciso novio -quien curiosamente despierta del letargo nada más arriba su amada-; Matthew Goode es el rudo joven patrio que la guiará y acompañará en el trayecto, y por quien comenzará a experimentar incipientes sentimientos románticos. En lo que se refiere a la doblemente nominada al Oscar -por "La duda" y "Junebug"-, la joven actriz demuestra sus cualidades también para la comedia. Su presencia pelirroja, ¿algún parecido más con Julia Roberts?, engatusa a los chicos y goza de la confianza de las chicas, con lo cual tiene mucho ganado en el futuro si no desentona con este tipo de elecciones. Como pero más destacado, y no es culpa suya, el hecho de que en una oportunidad como ésta no hayan abierto más el grifo a la comedia física, sin duda subgénero que nos ofrece uno de los mejores momentos como Livingstone en una habitación de pensión. Por su parte, el actor que interpretó a Gerald Brennan en "Al sur de Granada", a quien hemos visto también en cintas tan dispares como "Match Point" o "Watchmen", da bien el perfil de arisco irlandés.

Ellos defienden unos personajes que dejan atisbar un pequeño cambio en sus comportamientos: ella porque quizás descubre que hay otro mundo fuera de su relación enlatada -aunque en el momento determinante da el sí, quiero-, y él porque confiesa el motivo de su desarraigo sentimental y eso le vuelve a hacer vulnerable. De ahí lo del pequeño cambio. ¿Cómo rematar la faena?. Pues de golpe. Después de toda una epopeya que termina en el mismo punto desde el que se partía, el cambio Precisamente, respecto al guión, todo resulta bastante previsible, aunque no es motivo tampoco para dilapidar nuestro comentario. El hecho de que una deuda invite al chico a compartir viaje con la protagonista, o que deban compartir habitación en una posada "católica" muy peculiar, son algunos ejemplos de un desarrollo que se sabe desde un principio y que los guionistas, únicamente, han debido encajar en su propio rompecabezas. No obstante, sí resulta achacable el excesivo metraje de la película, entre otras cuestiones por la sencillez de la trama y la ausencia de historias relacionadas a personajes secundarios. Lo que aún no he sabido valorar es la partitura musical. La ausencia de música típicamente irlandesa, ¡vamos, el folk de toda la vida!, resulta cuanto menos llamativa: desconozco si porque le otorga una universalidad mayor a la historia, o si porque estamos ya saturados de tanta música tradicional en este tipo de películas. En resumidas cuentas: no esperes una renovación del género, ni siquiera una revisitación, pero sí una comedia correcta, ¡facilona de visionar por qué no decirlo también!. Me apunto al viaje de la luna de miel por carreteras irlandesas...