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Fuere de Serie: "Un auténtico 'must', la historia de un ex héroe de guerra salvador de su barrio también conocida como 'Entrevías'", por Daniel Soriano

La primera escena ya nos indica un poco por dónde van los tiros. Y nunca mejor dicho. Una discusión y disparos afuera. El vetusto Tirso llama a emergencias tres veces, pero lo tachan de loco, pese a que él explica cómo sirvió en Bosnia y sabe cómo se escucha un disparo. Así pues, se llega al meollo. Tirso Abantos (interpretado por el grandísimo José Coronado) es un antiguo héroe de guerra, dueño de una humilde ferretería en el conflictivo barrio madrileño de Entrevías. Su día a día reside en trabajar, juntarse en el bar con sus antiguos camaradas del ejército y odiar a matones y drogadictos a partes iguales al haberse apoderado de su querido barrio. Cuando menos se lo espera, una estratagema familiar -para que venda su piso- disfrazada en la fiesta de cumpleaños de su nieta adoptiva Irene (Nona Sobo) acaba con un desenlace nada esperado. Y es que Tirso, tan cariñoso y cercano como un bofetón, tiene que terminar haciéndose cargo de su nieta por el desequilibrio en el que están sumergidos sus padres -y ella misma-, por las nuevas compañías de ésta, especialmente por su novio, Nelson -un camello de poca monta-. En absoluto, Tirso no es el abuelo amable que esperaría el espectador medio. Sino que vira más hacia la naturaleza 'cascarrabias'.


Mientras tanto, la inspectora Amanda Armatose (Itziar Atienza) -sobria y cabal- investiga con el subinspector Ezequiel (Luis Zahera) -cuyo papel es sencillamente espectacular- el origen del incremento de la criminalidad en Entrevías. Ezequiel, que se mueve cual delantero torpe en un constante 'fuera de juego' -en la nómina como soplón del mafioso que maneja la zona Sandro-. Y es que el conocimiento de Ezequiel acerca del vecindario y cómo depende de la policía mantener el ecosistema del crimen en lugar de interrumpirlo provoca un terremoto en la comisaría. Las cosas se ponen más desesperadas y se tuercen por completo cuando la tensión aflora por completo para Irene y Nelson mediante los fallidos trapicheos que los ponen en jaque y la negativa de Tirso en que se vean por su incesante racismo. A partir de ahí el caos es evidente, y las uñas de los espectadores comienzan a almacenarse, así como la intriga y el drama combinado con la acción y los lazos entre los personajes. Todo se torna en una especie de Gran Torino, donde Tirso, un hombre mayor de valores castizos, agarra el toro por sus cuernos cuando la gente lo subestima por su edad. Aunque hay que decir que la interpretación del fabuloso Coronado deja a Clint Eastwood como un indefenso muñeco merced del mal humor del español.


Las dos temporadas de esta intrigante producción dejan múltiples capas para brillar con un resplandor televisivo de prestigio. Juega muy buen con todas las subtramas, con la historia principal de Tirso tratando de mantener a Irene fuera de las garras de los traficantes del barrio, y todo lo que le rodea. Se hace también hincapié en el asunto de que es un hombre duro que se ha amargado a lo largo de los años, lo que le lleva a tener problemas con sus hijos -algo perdidos en la vida- y en su inesperado romance con la madre de Nelson. No obstante, se aprecia otra versión de Tirso con sus inesperables amigos (Pepe y Sanchís) y excompañeros de guerra, que le son extremadamente leales. Coronado encarna tan a fondo al duro Tirso que crees que su negatividad no es un acto, y unido al descaro y la excelencia con la que Zahera da vida a Ezequiel tenemos una ficción de notable alto y naturaleza ‘maratoniana’. Sobo, así como Londoño -Nelson- son un contraste tanto en la serie como en el talento de su interpretación. El final demasiado abierto, así como los cuestionables papeles de la sección más joven del elenco, empañan lo que podría haber sido un exitazo mayor del que ya fue (siendo la serie más vista de habla hispana de Netflix en verano).