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Crítica: "La hija", por Paco España

Hay pocos directores con una personalidad creativa tan acusada como la de Manuel Martín Cuenca, que se demuestra en títulos anteriores como Malas temporadas, Caníbal o El autor, ésta última protagonizada por un descomunal actor que responde al nombre de Javier Gutiérrez y que repite en La hija. La habilidad que tiene este director para sacar el mejor partido de todos los intérpretes con los que trabaja es enorme, aunque, eso sí, se asegura de contar con los mejores en cada momento, como ha hecho en este caso con el actor mencionado, además de Patricia López Arnáiz (Ane), la última ganadora del Goya a la interpretación femenina.


Otra de las mayores habilidades del director es el manejo de las elipsis, como sucede en el comienzo de esta película, en la que un profesor de un centro de educación de jóvenes conflictivos convence a una menor, que ha quedado embarazada, para que se escape y vaya a la casa perdida en la montaña en la que vive este con su esposa, para que pase su embarazo y les de el bebé cuando nazca. Todo esto ocurre antes de la primera secuencia de la película, en la que una mujer joven y solitaria atraviesa un campo y llega junto a un hombre de edad madura, que la espera junto a un todo terreno y le pregunta '¿has tirado el móvil como te dije?', y ella responde que sí. Desde ese momento, el espectador ya sabe que algo extraño está pasando. Esta información, a la que el espectador no asiste, es suministrada por el propio desarrollo de la película. A partir de esa primera secuencia asistimos a un thriller emocional que se sustenta en los complejos procesos mentales del laberinto que porta el personaje interpretado por López Arnáiz y que influye decisivamente en el comportamiento personal y social de su marido, interpretado por Gutiérrez.


La compleja situación del planteamiento inicial, los consiguientes giros de guion que complican esa situación, añadido al alto nivel del equipo actoral -en el que hay que incluir a la joven desconocida Irene Virgüez, incluso las breves pero excelentes intervenciones de Juan Carlos Villanueva (Adiós) como el policía investigador-, hacen que la película se pueda disfrutar ampliamente. Por citar alguna, aunque leve cuestión negativa, se pude decir que en alguna situación de guion hay que hacer pequeñas cesiones a la credibilidad, como es el caso del uso de las armas de fuego, pero eso no le resta un gramo de interés. Este título demuestra, una vez más, que la idea que puede haber sobre la mala calidad del cine español solamente es una falacia.