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"Bienvenid@s a la República del #QuédateEnCasa de cine I", por Javier Collantes

Dado que la cinematografía española ha retratado varias historias de valor, en fondo y forma, sobre tiempos de guerra y confrontaciones tanto en espacios nacionales como republicanos, y con motivo de la celebración ayer martes de la conmemoración del 14 de abril, en esta ocasión me fijaré en las memoria fílmica a los tiempos de la República española.


Belle Epoque (1992), película dirigida por la mirada de categoría del cineasta Fernando Trueba, es, dejando de lado las ideologías, una de las excelencias de nuestro cine, un film memorable que no sólo obtuvo el aprecio de la crítica y del público sino también el Oscar a la Mejor Película Extranjera y hasta un total de 9 Premios Goya del cine patrio.


Invierno de 1931. Fernando, un ex-seminarista y desertor del ejército, se refugia en la casa de campo de Manolo, un viejo artista retirado debido a su ideología que vive junto a sus cuatro hijas, una especie de sugerente 'bella época' sin ser París para un relato luminoso, idílico, romántico, sensual y sexual, y, a su vez, lleno de humor y cierta inocencia.


Con una dirección impecable y una fotografía excelente, los magníficos trabajos de un reparto coral tan equilibrado como asombroso (Maribel Verdú, Penélope Cruz, Miriam Díaz-Aroca, Ariadna Gil, Jorge Sanz y el magistral Fernando Fernán-Gómez) nos entregan, en lo individual y en lo colectivo, en cada secuencia, verdaderas lecciones de veracidad interpretativa.


El aspecto hedonista y lúdico convierten a Belle Epoque, elegante libertad entre la nouvelle vague y el cine clásico norteamericano, en una fábula, un cuento maravilloso sin cortapisa en torno a un caserón aislado del exterior, donde existe otro mundo, otra realidad, un relato sabio que entrega un cine que respira en cada fotograma, una bella película.