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Crítica: "Le Mans 66", por Javier Collantes

El apasionante mundo de los coches, en su faceta de las competiciones automovilísticas es en la realidad y en el espacio cinematográfico un calibre de historias, o el biopic normal, o una nueva dimensión en sus aspectos, a veces formalistas y en otros ángulos la vida, obras, aspectos psicológicos de los personajes, famosos en triunfos, derrotas, e ilusión por ganar en  una carrera de coches. El cine ha presentado algunas películas memorables en temáticas de competiciones automovilísticas, recordando: Grand Prix, 24 de Le Mans que con filmografías de este apartado, muchas pasaron con éxito o desapercibidas para público y crítica.


Le Mans 66, dirigida por James Mangold, recompone las nuevas carreteras del automóvil. Conservando una parte del cine clásico, uniendo un relato sobre la amistad, en una especie de 'buddy movie', con unas líneas en su dirección artística,  ritmo narrativo (aunque típico en la parte final), su resultado es notable. Una historia que nos presenta a un grupo de eruditos en ingeniería automovilística liderados por dos personajes, que con la pasión por los coches, y el beneplácito del magnate Henry Ford II, construirán un coche de carreras con la potencia para ganar a su gran rival, Ferrari.


Equipo y pilotos, preparándose para la competición de Le Mans 66, superando los problemas internos de miembros de la compañía, Carrol Shelby y Ken Milles, trabajando para ganar las 24 horas de Le Mans. Problemas internos, vicisitudes, problemas internos con miembros de la compañía Ford, salvarán obstáculos y lograrán por primera vez, ser el primer conductor estadounidense en ganar las 24 horas de Le Mans, Carrol y Ken pasarán a la historia de esta gran competición.


Con un argumento de hazañas deportivas, el film perfectamente construido, presenta un buen relato, cuyas interpretaciones son extraordinarias, sobre manera del genial Christian Bale y Matt Damon, en un registro interpretativo de gran altura, atención a las miradas, diálogos, fotografía y una gran unión de una adecuada banda sonora e imágenes. Planos ajustados con calidad, secuencias con emoción y espectacularidad, logran entregar al espectador, una película notable, en un  metraje de 152 minutos, muy entretenida. Calidad de cine comercial, con los atisbos para entrar a los Oscar. Cine muy presentable, coherente en su escritura fílmica, paladeando un film como los de antes... sentir y entrar en su historia.