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Crítica: "4 latas", por Paco España

Cuando terminé de ver esta película no sentí la horrible sensación de haberme escamoteado casi dos horas de mi vida por la cara, como ha pasado en títulos muy recientes, sino que me quedó la sensación de haber visto una película agradable, con algunos momentos interesantes, y que no me había producido los conocidos e intensos deseos de estar en otro lugar. No es una película acertada, ni mucho menos, pero hay en ella breves momentos y algunas interpretaciones que pueden merecer la pena.


Gerardo Olivares es un realizador que siempre ha trabajado en propuestas documentales o muy cercanas al documental. Tal es el caso de Dos Cataluñas, con el reciente y controvertido premio recibido en la Berlinale de manos de Carles Puigdemont que recogiera el codirector Álvaro Longoria y al que renunciaron al día siguiente por sentirse manipulados. También El Faro de las orcas, Hermanos del viento, Entrelobos, 14 kilómetros o La gran final, títulos en los que la ficción parece documental y los documentales parecen guionizados, haciendo que la frontera entre los dos géneros cinematográficos se diluya hasta desaparecer.


Una carta llegada desde el centro de África hace rememorar un largo viaje acontecido muchos años atrás y provoca que dos personajes, Totxo y Jean-Pierre, se reencuentren y que, unidos a Ely, la joven hija del remitente de la misma, emprendan la épica travesía del desierto africano en un Renault 4, un modelo de los primeros Paris-Dakar. Tras este esperanzador comienzo, el espectador espera que el viaje por las inmensas llanuras del continente negro se transforme en un profundo viaje interior para cada uno de los personajes que lo integran, pero, lamentablemente, queda muy lejos de Una historia verdadera, de David Lynch.


El acertado retrato de los personajes del comienzo se queda estancado y no se profundiza más en ellos. La película se limita a ofrecer muchos planos aéreos desde dron y una serie de anécdotas sustentadas en la enorme humanidad y acierto de Hovik Keuchkerian (La casa de papel, El club de los buenos infieles, Alacrán enamorado y el cortometraje El otro) y de la joven Susana Abaitua (Viaje al cuarto de una madre, La llamada, además de la serie Sé quién eres), ya que la estrella de la película, el actor francés de raíces gaditanas Jean Reno (Juan Moreno), permanece, presa de una gastroenteritis, prácticamente todo el viaje fuera de la historia.


No parece muy lógico que un actor que ha trabajado con Brian de Palma, Costa-Gavras, John Frankenheimer, Luc Besson, Ron Howard, y al que pronto veremos a las órdenes del oscarizado y estrambótico director Spike Lee, tenga un papel tan secundario y tangencial en la acción de esta película. También tienen apariciones episódicas Arturo Valls, muy alejado de sus habituales mohines, algo muy de agradecer; el siempre estupendo Francesc Garrido, en una irreconocible caracterización; y Enrique San Francisco, protagonista de un final tan deslucido y desangelado como poco brillante. Me quedo con la primera media hora larga que parecía construir muy buenos mimbres, pero que no aguantaron ni los primeros vientos del desierto.