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Crítica: "Personal shopper", por Javier Collantes

La filmografía de Olivier Assayas se caracteriza por un sentido más profundo de lo que su apariencia muestra en imágenes, una clase de cine por momentos audaz e intimista en una concepción de estructuras narrativas y visuales atractivas en sus lugares de composición, historias y paisajes, en su amplio sentido del término. Su última producción nos acerca a un relato especial, lleno de incertidumbres y, a su vez, de creencias en 'algo' sensorial, en una convivencia con nosotros mismos. 


Una joven norteamericana vive en París y su trabajo consiste en ser asistente de guardarropa de una persona célebre, un empleo que sirve para pagar su estancia mientras espera una aparición del espíritu de su hermano gemelo fallecido hace poco tiempo. Una espera transitoria para su propio desarrollo con una puesta en escena  tenebrosa tan cercana como envolvente. Con estos elementos, el film se configura como un thriller psicológico, en modo de médium, apariciones fantasmagóricas y mensajes de whatsapp en una mezcla que funciona a medias, desigual pero extraña.


Atractiva en su forma de mostrar la presencia y en tonos de misterio, su personaje protagonista funciona en la medida de su interpretación, un gran registro de Kristen Stewart en una película creada para ella, con una mirada perdida, casi de zombi mundano, en cada plano. El 'leitmotiv' sigue siendo el personaje, para encontrar o encontrarse a ella misma. 


Una historia distinta en su forma de contar la tristeza y el mundo materialista, un homenaje a la pintura y al terror en las excelencias del tenebrismo nada formalista. Un planteamiento que cabalga entre el misterio y el entendimiento de cuestiones espiritistas, el sentido de lo físico y lo humano, en una sintaxis de sugerir sin mostrar, un aspecto que se refleja a lo largo del metraje, salvo algunas secuencias de efectos que sobran dotando al cuerpo de la película de un desequilibrio. 


A pesar de dicha circunstancia, nos encontramos con un relato fílmico indefinible, que te atrapa y te distancia, conservando el misterio del personaje en cuerpo y alma. La mirada de Kristen Stewart, el hilo conductor de sí misma y el principal argumento de ver y sentir una historia trasformada en un film enigmático e irregular en sus contextos, con instantes imborrables para el espectador, de fantasmas y realidades interiores, otros muy distantes.