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Crítica: "Relatos salvajes", por Verónica Cosío

Cuando uno se sienta en el cine esperando que comience "Relatos salvajes", la última película de Damián Szifrón, le invade cierta expectación. Una co-producción argentino-española, avalada por los hermanos Almodóvar con su productora El Deseo. Película más vista en Argentina, que además representará a su país en los Oscar, Premio del Público en el Festival de San Sebastián. Y, además, interpretada por actores de la talla de Ricardo Darín, Darío Grandinetti, Leonardo Sbaraglia entre otros.


Pero tan sólo comienzan a sucederse las primeras imágenes, acompañadas por la música de Gustavo Santaolalla -con un extraordinario trabajo-, sabes que algo bueno está por llegar. Damián Szifrón construye un film formado por seis pequeñas historias, independientes pero con un nexo de unión: la pérdida de control. Todo ello, además, técnicamente bien trabajado, destacando fotografía, la factura en los efectos especiales y las impresionantes interpretaciones de sus actores. Se podría calificar como una película efectiva, esto es, una película que llega al público, que consigue remover al espectador, ya sea por la tensión, sorpresa e, incluso, la risa. 


Y porque además, creo lo más reseñable, los personajes que estamos viendo ante nosotros son personas normales que se encuentran con un obstáculo en su vida que les hace perder la razón, el control. Esa sensación de reconocimiento, la búsqueda de la identificación que invade al espectador, y que se sucede una y otra vez con cada relato, es fantástica. Secncillamente porque: ¿qué haríamos si el día que celebramos nuestra boda nos enteramos que la amante de nuestro marido se encuentra entre los asistentes?.